Hace ya más de dos años y medio que dejé una parte de mí junto al Nevá. Y es que yo soy de las que cogen apego a los sitios, aunque hoy por hoy, no veo cuándo podré volver a dar con mis huesos en Petersburgo, la ciudad que Pedro el Grande se fabricó a medida sobre una ciénaga pantanosa. Rusia fue una de mis grandes aficiones juveniles, que empezó con Chaikovski y continuó con Shostakovich, Bulgakov y pretensiones inútiles de aprender ruso; en esa época me compré una guía de Moscú, con la esperanza secreta de ir algún día. Diez años después, la esperanza sigue intacta y la guía, desfasada; a cambio, sucedió lo inesperado, y pasé diez días increíbles en la segunda ciudad más poblada de Rusia.

Me paseé por la Avenida Nevski de Gogol, el Pavlosk de El idiota y los alrededores de Sennaya Ploschad, como Raskólnikov; vi el lugar donde Pushkin cayó en duelo con d’Anthès, las escaleras por las que arrastraron a Rasputin hasta el canal y la estación de Finlandia, a la que llegó Lenin en abril de 1917 desde Suiza. Tomé pelmeni con nata agria, borsch, blini para desayunar, kvas como refresco y té a todas horas del día. Vi el conservatorio y el Mariinski, cuna de antiguas glorias musicales, y paseé entre las tumbas de Chaikovski, Glinka, Rimski-Kórsakov, Mussorgski, Borodin, Balakirev y Cui, por el cementerio más musical del mundo. Viajé en metro por menos de treinta céntimos, me sorprendí con las supersticiones rusas, vi niños desarrapados junto a las vías del tren, ratas en los edificios, gente seria, mujeres guapas y pocos, muy pocos turistas españoles… lo más sorprendente de todo, por supuesto, esto último ;).

Resumiendo:

Peterburgo

Ahora la situación es la contraria, y soy yo la que tendrá el papel de cicerone; a pesar de que yo reniegue de mi tierra, procuraré hacerlo lo mejor posible, por una mezcla de gratitud y orgullo patrio :P. Espero que los almocárabes, naranjos y chumberas me ayuden a conseguirlo; cambiaremos las referencias a Pushkin por aquellas a Góngora, los grises barrios comunistas por las callejas blancas y estrechas, los palacios lujosos de no más de doscientos años por castillos e iglesias destartaladas de más de cinco siglos.

En resumen, espero quedar bien. Y se aceptan sugerencias.

Andalusien

Lo peor: después de seis años huyendo de vírgenes dolientes y cornetas desafinadas, tendré que asumir que son objeto de interés turístico… ày. Espero que con ver alguna de pasada sea suficiente, sé que nos encontraremos media docena de ellas a poco que queramos dar tres pasos por el centro de cualquier ciudad andaluza.

P.S. Años después, volvemos a confiar en Renfe como medio de transporte. Miedo me da.