Viajes29-2-2008 18:44

Hace ya más de dos años y medio que dejé una parte de mí junto al Nevá. Y es que yo soy de las que cogen apego a los sitios, aunque hoy por hoy, no veo cuándo podré volver a dar con mis huesos en Petersburgo, la ciudad que Pedro el Grande se fabricó a medida sobre una ciénaga pantanosa. Rusia fue una de mis grandes aficiones juveniles, que empezó con Chaikovski y continuó con Shostakovich, Bulgakov y pretensiones inútiles de aprender ruso; en esa época me compré una guía de Moscú, con la esperanza secreta de ir algún día. Diez años después, la esperanza sigue intacta y la guía, desfasada; a cambio, sucedió lo inesperado, y pasé diez días increíbles en la segunda ciudad más poblada de Rusia.

Me paseé por la Avenida Nevski de Gogol, el Pavlosk de El idiota y los alrededores de Sennaya Ploschad, como Raskólnikov; vi el lugar donde Pushkin cayó en duelo con d’Anthès, las escaleras por las que arrastraron a Rasputin hasta el canal y la estación de Finlandia, a la que llegó Lenin en abril de 1917 desde Suiza. Tomé pelmeni con nata agria, borsch, blini para desayunar, kvas como refresco y té a todas horas del día. Vi el conservatorio y el Mariinski, cuna de antiguas glorias musicales, y paseé entre las tumbas de Chaikovski, Glinka, Rimski-Kórsakov, Mussorgski, Borodin, Balakirev y Cui, por el cementerio más musical del mundo. Viajé en metro por menos de treinta céntimos, me sorprendí con las supersticiones rusas, vi niños desarrapados junto a las vías del tren, ratas en los edificios, gente seria, mujeres guapas y pocos, muy pocos turistas españoles… lo más sorprendente de todo, por supuesto, esto último ;).

Resumiendo:

Peterburgo

Ahora la situación es la contraria, y soy yo la que tendrá el papel de cicerone; a pesar de que yo reniegue de mi tierra, procuraré hacerlo lo mejor posible, por una mezcla de gratitud y orgullo patrio :P. Espero que los almocárabes, naranjos y chumberas me ayuden a conseguirlo; cambiaremos las referencias a Pushkin por aquellas a Góngora, los grises barrios comunistas por las callejas blancas y estrechas, los palacios lujosos de no más de doscientos años por castillos e iglesias destartaladas de más de cinco siglos.

En resumen, espero quedar bien. Y se aceptan sugerencias.

Andalusien

Lo peor: después de seis años huyendo de vírgenes dolientes y cornetas desafinadas, tendré que asumir que son objeto de interés turístico… ày. Espero que con ver alguna de pasada sea suficiente, sé que nos encontraremos media docena de ellas a poco que queramos dar tres pasos por el centro de cualquier ciudad andaluza.

P.S. Años después, volvemos a confiar en Renfe como medio de transporte. Miedo me da.

Viajes, Gastronomía9-2-2008 1:58

Como quiera que dentro de poco más de un mes estaré haciendo de anfitriona por Andalucía para una buena amiga, y como me preocupa que la Alhambra y la paella no le gusten tanto como a mí Pavlosk y los blini, aquí me tenéis dando vueltas sobre cómo compatibilizar las visitas con las procesiones omnipresentes esa semana y la comida española con la cuaresma rusa.

Y dándole vueltas a eso, me acordé de esto otro. Una de las cosas que recuerdo con cariño es la ensaladilla «rusa». Pero la «rusa, rusa», no el mazacote de mayonesa con guisantes y huevo al que estaba acostumbrada. La ensalada Оливье (Olivier, por el cocinero francés que la inventó en un restaurante de Moscú) es mucho más ligera que la de aquí, con menos mayonesa. Tiene también patatas, guisantes, huevo y un poco de zanahoria, aunque el atún se convierte en carne de ternera y se le añaden pepinillos frescos. Las gambas, el pimiento y las mentirijillas de cangrejo brillan por su ausencia, gracias a dios. La mayonesa tiene otra consistencia, es parecida a un aliño para la ensalada.

Éste es el aspecto que tiene:

Olivier

Puedo asegurar que no tiene nada que ver con cualquier otra ensaladilla que hubiera probado hasta entonces. Miento. Se parece mucho mucho a cierta sałatka polaca, aunque allí sienta bastante mal que se le llame «rusa» :). Una receta que no investigué fue la de los filetes rusos, aunque a los pocos días de estar allí comí algo que era clavadito a lo aquí se llama filete ruso: una mezcla entre la forma de una hamburguesa y la de una albóndiga.

Tengo mono de viajar :(.

Internet6-2-2008 18:57

Los pocos lectores asiduos a este blog deberían conocer ya La segunda parte, blog bastante más recomendable que esta mísera libretucha de anotaciones que tenéis a bien visitar :). Y es que un post escrito por mortiziia no tiene jamás desperdicio, ni en la forma, ni en el fondo. Pues bien, a través de ella me llega este meme, una de esas amenazas del mundo blogueril que ya creía haber descartado. Temo al meme por dos motivos: porque deben ser reenviados a otros y porque implican hablar de sí mismo en público. Lo primero lo llevo bastante mal, pues, por algún motivo estúpido, me trae recuerdos adolescentes que prefiero olvidar; lo segundo, aún peor, porque no suelo estar dispuesta a airear tan a la ligera preguntas memas, como por ejemplo, cuándo lloré por última vez o de qué color llevo ciertas prendas.

Peero… No siempre es fatídica la recepción de un meme; yo le veo cierto interés, siquiera como una suerte de divertimento entre amigos, conocidos, o lo que sea. Como los visitantes aquí son pocos, y los que se paran, aún menos, compartiré con vosotros algunas de mis manías. Abreviando: que me toca contestar y allá voy.

Un meme siempre tiene unas indicaciones sencillas que hay que seguir. Las de éste son las siguientes:

  1. Escribe una entrada acerca de la nominación.
  2. En ella, debes enlazar a la persona que te ha nominado y explicar las reglas.
  3. Cuenta seis manías, costumbres, rarezas o tics nerviosos, dado el caso, que tengas.
  4. Nomina a otras tres personas para que hagan lo mismo en sus respectivos blogs, enlazando a estos.
  5. Comunica a estas tres almas de cántaro que han sido nominadas mediante un mensaje público en sus blogs.

Sin más preliminares:

  1. Me gusta organizar mi tiempo hasta el último detalle, si bien últimamente hay muy poco -o quizás demasiado- que organizar. Para esta tarea soy paciente y constante: apunto el número de horas que dedico a mis quehaceres y después extraigo conclusiones sobre mi productividad, costumbres, y cosas varias. Esta manía mía no se limita al tiempo: suelo anotar observaciones inútiles como el número de personas seseantes en una reunión, el número de pañuelos palestinos en el autobús, la proporción de informáticos miopes, etc.

  2. Generalicemos: no me gustan los adolescentes. Creo que los niños deberían pasar a ser adultos sin pasar por ese odioso trámite entre medias. Si me cruzo con una bandada bullanguera de adolescentes quinquis, me encojo contra la pared contraria o me cambio de acera.

  3. Igual que Marlowe se tocaba la oreja y Napoleón se metía la mano en el pecho, yo suelo jugar con mi patilla derecha; parece inofensivo, pero cuando me estreso, se vuelve bastante compulsivo…

  4. Soy terriblemente desordenada para la mayoría de las cosas, pero no en lo que respecta a libros y discos. He definido una relación de orden total no estricto para cada uno de estos dos conjuntos, y siempre siempre siempre encuentro lo que quiero. Si un libro no cabe en su sitio, no lo meto donde quepa, sino que reorganizo la colección entera para que entre donde le toque.

  5. Tengo las uñas muy cortas, tanto, que cuando era pequeña pensaban que me las comía (cosa que nunca he hecho). Esto es herencia de mi pasado violinista, no soporto las uñas largas.

  6. Por último, yo también odio hablar por teléfono. Si llaman al fijo y sé que no es para mí, remoloneo; si llaman al móvil, hago de tripas corazón y lo cojo. Lo de llamar a alguien «para hablar» no va conmigo, pero voy superando esta fobia, sé que no me conviene.

¿Y a quién nomino yo ahora? Voy a romper el último punto del meme. Tú que me visitas y tienes un blog, que sabes que te leo en la sombra, anímate a rellenarlo y me darás una pequeña alegría :).

ecoestadistica.com