No es del todo cierto que no tenga tiempo para escribir (aunque casi, casi…), pero después de pasarme las mañanas en la empresa y las tardes con el proyecto, no me queda vista para seguir mirando más horas la pantalla de un ordenador, ni espacio para pensar en cosas distintas a «¿sabes que Oracle 10g tiene papelera de reciclaje?». Y eso no entra en mi categoría de asuntos blogueables. De todas formas, el principal motivo para que este blog probablemente hiberne es la falta de lo que vulgarmente se conoce como tiempo libre.
Para qué decir más: cada día tengo un rato de ocio… ¡en el autobús! Y escuchando conversaciones ajenas: sí, penoso. Hoy han sido unas muchachas ¿de 18 años?, quizás en su primer año en la Universidad, que comentaban en el 20 la hora hasta las que las dejan salir sus padres y sus affaires amorosos más bien preadolescentes. Hablaban notoriamente alto, que conste. El otro día me entretuve escuchando a unos erasmus comentando el frío que pasan en Málaga (no podía estar más de acuerdo, en los pisos se hiela uno). Y unos días después unas chicas, quizás inglesas, con una conversación a voces del tipo «we got really drunk last night!». Otros días hay que conformarse con intentar pillar algún «jarashó» (el 3 y el 1 lo cogen muchas rusas).
Y a todo esto, esta mañana he hipotecado mi futuro para los próximos seis meses (así, a ojo), entregando un anteproyecto que me mantendrá vinculada a ciertos temas en los días por venir. Dejando aparte miedos del tipo «¿seré capaz?» o «¿haré algo decente?», estoy encantada con el tema del proyecto.
Por cierto, 0,75 por una impresión en color. ¡0,75! Y el dibujito no ocupaba más de una décima parte de una página A4. Eso sí, una impresión de calidad suprema, qué suavidad del papel, qué nitidez, qué fuentes tan estilizadas… Qué ruina si finalmente se me cuelan demasiadas imágenes en color en la memoria. En fin, es un riesgo todavía tan lejano…



