Se acabó, adiós a un año en Heilbronn: si las huelgas de los maquinistas no lo impiden, en horas estaré camino de vuelta a España. Esto ya se sabía desde un principio, la estancia aquí tenía fecha de caducidad puesta de antemano; no me quejo… demasiado.

Ya he dicho adiós a casi todo… a la biblioteca y sus guías de viaje de todo el mundo, a mi cocina con su repertorio de copas y jarras de todo tipo, al zumo Hohes C, a la cerveza alemana a precio de ganga, al lluvioso verano alemán, a la gente de la que me he despedido estas últimas semanas, a la puntualidad de autobuses y trenes, a tener siete países diferentes a menos de 500 kilómetros… incluso a las babosas marrones que otra vez han plagado mi calle esta tarde (qué asco de bichos, a poco que te descuides pisas dos a la vez) y a las bolsas del súper que me llevan arrastrando un año (o yo soy muy bajita, o mis brazos muy largos, o ambas cosas). Creo que volveré a ver a algunas de las personas que he conocido aquí: ocurrirá antes o después si vivo lo suficiente. A Heilbronn quizás vuelva algún día, aunque el mundo es muy grande y ésta no es la ciudad más vibrante del planeta :). Lo que sí tengo clara es una cosa: me gustaría volver a vivir en Centroeuropa. Es difícil, sí, pero no imposible.

Así que… ¡hasta pronto, Alemania! Puede que suene a amenaza, pero volveré :).