Estando en Passau, decidimos ir a Austria. Total, está justo al otro lado del Inn, sólo hay que cruzar el puente, subir una cuesta, ¡y voilá! ¡En suelo austriaco! Daba igual que supiera que no era más que una piedra en el medio del campo la que señalizaba "a partir de aquí, Austria". Al fin y al cabo no íbamos a tardar mucho, y desde la montaña se debía tener una buena vista de Passau.

Al final, no sé cómo -o sí sé-, pero nos la apañamos para ir por el camino más largo posible, bajo un sol implacable, y siempre cuesta arriba… el tiempo pasaba, pero se suponía que ya teníamos que estar tan cerca, tan cerca, que no nos íbamos a dar la vuelta… y en fin, así seguimos andando interminablemente. Hasta que al girar la carretera, al final de una nueva cuesta -porque si por algo se caracteriza Passau es por no ser precisamente llana- allí estaba. Un cartel con las normas de tráfico alertaba a los conductores para que se andaran con ojo…

Austria

Y es que, para quien no lo sepa, en Alemania no hay restricción de velocidad en autovía. Es decir, puedes ir perfectamente a 300 si quieres, nadie te va a multar… (salvo que sea un tramo con velocidad limitada, pero por defecto, no lo son). A todo esto, me gustaría saber algo sobre las estadísticas de accidentes de tráfico en las carreteras alemanas…

En fin, unos veinte metros más adelante estaba la esperada piedra: ¡Österreich! A partir de ahí, ya ni había acera, así que no pude continuar mi aventura en tierras austriacas. 

Piedra austriaca

Moraleja: si estáis en Passau un día suelto de excursión, podéis pasaros perfectamente sin ver Austria. Todavía habrá alguno que irá, nadie aprende en cabeza ajena ;).