Hoy he tenido una buena sorpresa… ¡tengo entradas para satisfacer una de mis aficiones inconfesables!

Me encanta cómo funcionan los alemanes para estas cosas. La leyenda dice que en Málaga tienes que estar un par de horas a partir de las siete de la mañana a la puerta del teatro, esperando a que pongan a la venta las entradas. Aún así, nada asegura que vayas a conseguir una, porque la mayoría ya están dadas (abonados, enchufados y politicastros, etc.). ¿Quién puede estar allí a esa hora? Nadie que trabaje en un horario normal, salvo haciendo una grandísima excepción por un día. Luego, cuando la gente de a pie llama por la tarde, está todo vendido… Ahora también se pueden comprar por internet, pero si lo haces, renuncias al nada desdeñable descuento por estudiante (40%).

Lo dicho, en vez de eso… tranquilamente hice mi reserva por internet, y a los dos días me mandaron una carta sólo para decirme que habían recibido mi solicitud (¡!), que ya me avisarían cuando se pusieran a la venta las entradas. Y hoy, me ha llegado la carta del teatro, ¡con dos entradas con descuento dentro! Esto es eficiencia y comodidad para el cliente :). Así que está todo hecho, y en mayo, dios mediante, iré a Stuttgart :).

Por supuesto, me han asignado el asiento en lo más alto de la más alta torre, el lugar que algunos con mucho sentido del humor llaman el paraíso, y otros más realistas, el gallinero. Concretamente, voy a estar ahí, busquen la estrella:

Opernhaus

Y sí, las comparaciones son odiosas:

  • La oferta de nuestro Teatro Cervantes: seis óperas en toda la temporada, con dos representaciones cada una.
  • La oferta de la Staatsoper: al menos dieciséis óperas en toda la temporada, con unas diez representaciones de media de cada una.

Tengo que romper una lanza por la oferta musical malagueña. Es verdad que no me gusta mucho Málaga ni el fluir de la vida allí. Pero el día 27 de abril tocará Joshua Bell con la Academy de St. Martin in the Fields, en el mismo teatro donde tantas veces he tocado yo misma. Jaja, igualito, yo vs Bell :P. Ésta es una de las máximas cotas musicales que podría alcanzar, me encantaría ver a Joshua Bell en directo tocando Beethoven. Por supuesto, ya está todo agotado… y yo estoy en Heilbronn.

Un día de estos escribiré sobre las cosas que hecho de menos de España (aparte del café), que leyéndome creo que da la impresión de que tengo un síndrome de Estocolmo con Alemania ;).