Da gusto pasearse por la región de Heilbronn-Franken en los pocos momentos soleados que nos da últimamente… ahora que llueve dos días de cada tres, un fastidio. No son chaparrones estilo malacitano, sino una llovizna costante, que puede durar horas… o días, supongo. Y yo era de las de "me gusta la lluvia"… Pero el llovizneo este cala diez veces más que los chaparrones, y yo odio tener que cargar con el paraguas allá donde vaya.
Hoy se trata de una rara conjunción: cuando sale el sol y tienes un día libre. Entonces… hay que amortizar el Semesterticket: la planicie, las colinas, las vides, el tren, los árboles todavía sin hojas, los pueblos de colores, las agujas de las iglesias… todo brilla de tal manera…
Entre esos lugares cercanos está Schwäbisch Hall, un pueblo de unos 30.000 habitantes, casitas de colores, muchas cuestas, escaleras, y callejones empedrados… menos mal que no soy de llevar tacones xD.
Al poco rato la cámara se quedó sin pilas, ¿quién iba a saber que la Canon no acepta otras baterías recargables que las de su propia marca? Las pilas que compré me tendrán que servir para el discman, menos mal que Sony no es tan remilgada. O que en aquellos tiempos no se habían dado cuenta del filón. Me dió tiempo a hacer una panorámica, y aquí está.
Por una vez, entendí la pregunta: "¿no echas de menos el buen tiempo?" No, no echo de menos los calores de ventitantos grados en Marzo… que haga el frío que sea, no importa; pero que salga un rato el sol, eso sí lo aprecio; como la lluvia en Sevilla: es maravilla.
P.S. Qué cursi volví anoche.









