Me equivoqué una vez más… creía que ya lo había oído prácticamente todo, que aquello que no conocía eran piezas quasi inútiles de un puzle infinito, cuya región que me resultaba interesante ya estaba terminada.
La curiosidad me ha espabilado: gracias a la biblioteca municipal, he escuchado la integral de cuartetos de cuerda del señor Beethoven. Si no me equivoco, era lo más gordo que me quedaba de él, después de trillar sinfonías, el concierto para violín, el triple, los cinco para piano, las sonatas para violín, algunas para piano (no soy pianista, no me he exigido todas), oberturas, incluso algo de música de cámara para vientos… pero nunca había escuchado nada más allá de alguno de los primeros cuartetos, los op.18. Y he aquí que me encuentro con sorpresas (¡a estas alturas!) como el op.74, Harfen, apenas 10 años después de los op.18. Pero aún más sorprendentes son los op.127, 130, y siguientes; los compuso alrededor de 1826, cuando ya estaba completamente sordo (murió en 1827, con sólo 57 años).
Para rematar, la Gran Fuga, que debía cerrar el op.130; la música más poderosa y moderna para cuatro instrumentos que escuchaba en muchísimo tiempo; sobre todo, moderna… y dentro de no demasiado cumplirá 200 años. Automáticamente ha pasado a mi top ten de hitos musicales. De ella dijo una persona de bien, Louis Spohr, compositor ligerito y apreciado en su época, que era un horror indescifrable. Pero se me da fatal hacer de crítico musical, al que le interese, que la escuche.
Y ahora me doy cuenta, de que lo que podría parecer "el último Beethoven" son las obras cumbre de su juventud: el último concierto para piano (1806, con 36 años), la sonata Kreutzer (1803, con 33)… ¡20 años antes de los últimos cuartetos! Realmente, la única música "popular" de su última época es la requeteescuchadísima novena.
Al fin y al cabo, sabía que esto pasaría, que acabaría mirando con nostalgia mi pasado musical, escuchando Beethoven mientras maldigo el Risikomanaging, los protocolos de reuniones, o las Rechtsformen de empresa en Alemania. Pero aún así, sé que el 65% de esto es idealización…

La Gran Fuga, junto con el op. 111 y la Novena es, para mí, no sólo lo más grande de Beethoven, sino del s. XIX en general.
27-3-2007 @ 17:55
Por suerte, hay tanto donde elegir… desde luego, la Gran Fuga es prodigiosa, y lo manido del Himno a la Alegría se olvida al escuchar los primeros compases. Sin embargo, las últimas sonatas no las he escuchado… otro lastre más. U otra sorpresa más.
En cualquier caso, nunca volveré a escuchar por primera vez la Gran Fuga, y eso me fastidia… menuda primera impresión.
Los cuartetos -y muchísimas cosas interesantes más- están digitalizados en la Universidad de Indiana. Zum Beispiel, aquí.
28-3-2007 @ 9:34
Las últimas tres sonatas son un tesoro. Sé que te sorprenderán si nunca las has oído, en especial la última. Cierto, nunca podrás volver a escuchar por primera vez la Gran Fuga, pero sí que puedes escuchar por primera esas sonatas.
Te envidio por ello, la verdad.
28-3-2007 @ 13:23
Hace poco me lamentaba de no volver a escuchar nunca más por primera vez el concierto para violín de Tchaikovsky. Pensé en ese porque yo tendría 8 años y es uno de los recuerdos más felices que tengo. Después de haberlo tocado, el encanto casi desapareció, o al menos se transformó en otra cosa… no sé en qué medida a los demás les pasará lo mismo.
Por suerte, aún quedan sorpresas aquí y allá. De hecho, es más que posible que las últimas sonatas figuren sacadas bajo mi nombre en la biblioteca, aunque no estén en mi poder. Curiosas coincidencias por compartir abono…
28-3-2007 @ 22:18
La música de Beethoven es, para mí, la expresión a flor de piel del Romanticismo. Es grato para cualquier persona escuchar tan maravillosa música: Sus 9 sinfonías, sus cuartetos, conciertos, etc.
Lo poco que escribió, lo escribió con todas las de la ley, capaz de ser tan emotivo, como de ser música de carácter, fuerza, vigor, dulzura. Todo esto en un mismo trabajo.
21-4-2007 @ 17:29