du kommst nach Ost-Berlin…

Me gustó Berlín… no tanto como una ciudad para visitar, si nos quedamos en el aspecto estético del asunto, sino para vivir; entre las cosas buenas que he podido notar en estos cinco días, me quedaría con la animada vida incluso entre semana, la ambientación de los locales (lo mejor desde luego), los precios (Becks a menos de un euro, mientras que en Stuttgart se acercaba a los tres), y la amplísima oferta musical (y eso que yo sólo me fijaba en las cosas que me resultan personalmente interesantes: Brendel, Sokolov). También algunos detalles curiosos, como hablar de Bach con un señor en el metro (a propósito del concierto para dos violines impreso en su bolsa).

Entre las cosas malas, destacaría lo carísimo que es el transporte público: 2,10 el billete sencillo, me parece desorbitado (costaba 1,40 en París, la ciudad más cara donde he puesto el pie).

Y aunque el sur es más pintoresco, los semáforos de Berlín tienen su gracia: 

Rot Grün

Convendrán conmigo en que son encantadores… hasta que te los encuentras en las tiendas en forma de llaveros, mecheros, camisetas, gorros, libretas, bolis… o incluso gominolas. En origen eran propios de la RDA, aunque ahora están también en algunas partes del Berlín Occidental.